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miércoles, 16 de mayo de 2012

Capitulo 1.

Negro. Solo veía negro. Día tras día solo veía negro. Intentaba mover un dedo pero nada, no podía. Algo me lo impedía.
Notaba que alguien me cogía de la mano. Daría lo que fuese porque fuese él. Sí, era él. Esa voz. Me cantaba algo. Me cantaba una canción. Esa que tanto odiaba.
-Yo te esperaré. Nos sentaremos juntos frente al mar y de tu mano podré caminar y aunque se pase toda mi vida yo te esperaré.

Es irónico. Siempre decía que esa canción no tendría ningún sentido para lo nuestro pero es que esta canción habla de nuestra situación.
Intentaba dar señales de vida para que entendiera que si le oía pero nada. Mi cuerpo no respondía.
También oía a los doctores hablar.
-¿Cómo esta hoy?
-Igual que ayer.- respondió el doctor a la pregunta.
-Eso lo dice siempre. Todo un puto mes lleva diciendo eso.
-No hay cambios. Esta en coma.- hizo una pausa para decir algo- Y además el golpe no debió de ser fuerte asi que...
-¿Así que qué?- gritó alguien.
-Si en una semana no ha despertado la tenemos que desconectar.
-¡Pero morirá!- grito alguien.
-Es la decisión del hospital. Lo siento.

Ya no oía al doctor hablar. Seguramente se hubiese ido. Estaba nerviosa pero la canción me tranquilizaba.
Intenté recordar como llegué allí. Fue un golpe. Un accidente de trafico. Si, lo recuerdo. Yo decía que se apartara por esas luces. Que podía ser un coche. Pero el que conducía decía que no era nada. Pero.. ¿cómo llegue hasta ese coche? ¿Por que tenia la necesidad de que alguien me llevase a un sitio? Ya recuerdo. Todo empezó cuando, un viernes, mis amigas no querían salir de fiesta. Así que nos quedamos en nuestro apartamento.
-¿Vemos una peli?- nos preguntó Claudia a mi y a Laura.
-Vale.
-¿Cual vemos?- pregunté yo.
-A tres metros sobre el cielo. Pero la versión española.- dijo Laura.
-¡SI! Así vemos a Casas.- dijo Claudia.

Laura y Claudia eran las dos mejores amigas, esas que si va una al baño, la otra la acompaña por si acaso se cae por el desagüe. Eran geniales. Laura era una chica morena con los ojos verdes, delgada y mas o menos de mi altura, asi que ni baja ni alta.y Claudia era una chica delgada también y guapa aunque cuando se lo deciamos decía que era una tontería. También era de mi altura y era también morena de pelo.
Nos conocimos en el colegio, cuando teníamos 15 años pero empezamos a ser amigas cuando nos mandaron hacer un trabajo juntas. Desde ahí, hablábamos, quedábamos y demás cosas hasta tal punto que, cuando Claudia, que era la única mayor de edad en ese momento, cumplió los 18, convencimos a nuestros padres para empezar a vivir juntas. La idea no les gustó pero acabaron cediendo.
-Venga. ¡A ver al Casas!- grité.

Nos sentamos en el sofá y pusimos la peli.
-Me apetece comer.- dijo Laura.
-Ve a la nevera.- la dije yo.

Ella se levantó y fue a la cocina y volvió con la mano en la tripa.
-¿Que te pasa?- la pregunté preocupada.
-Tengo mucho hambre y no hay nada en la nevera.- dijo con voz de niña pequeña- Claudia, ¿no te tocaba a tí hacer la compra esta semana?
-Me tocaba a mí. Lo siento.- les dije yo.- Ahora pido una pizza y la pago.

Cogí mi móvil y pedí una pizza con unas bebidas.
La pizza no tardó mucho en venir pero vino justo en un momento en el que ninguna quiso levantarse.
-¡No! ¡Ahora no! ¿Por qué llaman al timbre cuando Casas esta sin camiseta?- dijo Claudia levantándose.

Nosotras seguimos viendo la peli y cuando Claudia cogió la pizza vino a nosotras corriendo.
-¡Tias! Venid a ver el repartidor. Esta mejor que Casas- dijo Claudia algo acalorada.- En serío, venid.
-Paso- dijo Laura arropándose con la mantita.
-Lu, ¿vienes?- me preguntó.
-Venga-dije con desgana.

Me levanté y cogí mi monedero para pagar al pizzero. Cuando le vi, el monedero se me calló de las manos.
-Que patosa soy.- dije.

El chico estaba bastante bien. Era un chico con un tatuaje en la muñeca y tenia los ojos de color marrón. Era muy guapo y la verdad, ¿por qué no decirlo?, estaba muy bueno.
-¿Cuanto es?- le pregunté yo.
-Son 10 libras.
-Tome- le dijo Claudia quitándome el billete para darselo ella.
-No me trates de usted. Solo tengo 18 años.- dijo él.

Tras esto se fue y vi a Claudia con cara embobada.
-Despierta, no le volveras a ver.- le dije.

Claudia empezó a mirar en la bolsa que le había dado el repartidor y me miro.
-¿Seguro?- me dijo.

Yo no entendí nada hasta que vi que faltaban las bebidas.
-Solo ha sido una casualidad.- le dije sentandome junto a Laura en el sofa.
-Si, si. Tienes envidia.- me dijo con una sonrisa.
-¿Que la pasa ahora a esta?- me preguntó Laura.
-Nada, que se ha enamorado del repartidor.

Claudia volvió a llamar y el mismo chico la trajo las bebidas que se había olvidado.
-Lo siento. Últimamente no se que me pasa- dijo disculpandose.

El chico se volvió a ir y dejo a Claudia en la puerta con una cara de tonta perdida mayor que la anterior.

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